
El 2 de febrero de 1999 Chávez, con 44 años, tomó posesión de la Presidencia de la República para el quinquenio que terminaba en 2004 ante una nutrida representación de mandatarios regionales, entre los que figuraban el boliviano Hugo Banzer, el peruano Alberto Fujimori -un presidente autoritario y neoliberal que sin embargo encontró un amigo afectuoso en Chávez, quien no olvidaba el refugio concedido a los camaradas bolivarianos que protagonizaron la tentativa golpista de noviembre de 1992- y Fidel Castro, al que, por cierto, acababa de ver en La Habana dos semanas atrás, en su segundo viaje a la isla.
Fidel Castro felicitó efusivamente a Chávez y saludó su elección como un triunfo para toda América Latina. El intercambio de cumplidos iba a prolongarse en los próximos meses y años, con Chávez retratando a Castro como un "campeón de las libertades" en el continente, y el líder cubano llamando al venezolano el "mayor demócrata de América". Para consternación de la clase política heredera del puntofijismo y para extrañeza de casi todo el mundo, a la ceremonia de investidura fue invitado nada menos que Marcos Pérez Jiménez, la bestia negra de los demócratas venezolanos de la segunda mitad del siglo, pero el octogenario ex dictador derechista no interrumpió su residencia permanente en Madrid.
Tras añadir a la fórmula legal la apostilla "juro sobre esta moribunda Constitución", el flamante presidente pronunció un áspero discurso inaugural lleno de citas bolivarianas y de alusiones a la "catástrofe" en que estaba sumido el país, en el que vindicó la rebelión militar de febrero de 1992 ("era inevitable como lo es la erupción de los volcanes") y arremetió contra Caldera, que acababa de transferirle la banda presidencial y le escuchaba compungido, y contra los diputados electos de la oposición.
Padre e Hijo, no sabemos quien admira mas a quien, lo que sabemos es que una ha abusado de poder 50 años y otro... esta comenzado....
Javier Porras.